Mt 1, 1-16. 18-23
Un día maravilloso en donde puedo escuchar la sinfonía de lo creado
reconociendo la grandeza de su creador, en un día en dónde esa grandeza del Señor
se ve enaltecida al elegir a nuestra Madre, en un día en dónde el corazón de
nuestra Santa Madre Iglesia fluye de gozo al celebrar el nacimiento de lo que
nos distingue de los demás, el nacimiento de La Santísima Virgen María. Comparto
mi reflexión de La Palabra de hoy: “Dios-con-nosotros”.
Sigo insistiendo en que “La Palabra” es el grito de la presencia de Dios,
y hoy la siento con más fuerza y más poder que nunca antes. Nuestro Padre está
y ha estado con nosotros desde el origen de los tiempos y decidió acercarse aún
más a nosotros por medio de María y a través de Jesús su único hijo. Pero Dios
es tan bueno, tan caballeroso, tan sublime que vino a nosotros de la manera más
delicada, más frágil, más hermosa, más bondadosa que pudo ser…
No llegó haciendo alarde de su poder avasallador, vino del vientre de una
mujer, María!
Pero eso no le bastó al Señor, Él vino cargado de la misma historia que pudiésemos
tener nosotros, vino cargado de los mismos problemas que pudiésemos tener
nosotros, vino en medio de inseguridades políticas y sociales, vino en medio de
una crisis familiar, el Señor vino tan parecido a nosotros que llegó siendo humano
con la grandeza que solo Él puede tener.
Esto solo lo hace por mí quien me ama y ese quien me ama me dice hoy que
yo debo de ser y hacer igual, que si yo amo a mi hermano tengo que sumergirme
en sus situaciones, en sus miedos, en sus dudas, en sus sueños, en sus
alegrías, en sus proyectos, en su vida!
Por eso mi Señor todo el poder y toda la gloria es tuya!!!

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