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sábado, 22 de septiembre de 2012

Fuego, grasa, calderos y otras maravillas.

El hijo del carpintero fabricaba la silla que nos iba a aguantar hasta el tercer día.
Un amor inmenso, mezclado con sudor, nos envolvía cual regalo de vida
para recibir, junto a un caldero, la promesa de que Él estaría ahí.
Estaría ahí en cada llama, en cada carcajada, en cada paso.
El humo y la grasa ocultaban las horas.
Y la penumbra nos techó el cielo, nos dejó casi ciegos, pero su Luz nunca nos abandonó
y con cada grano de arroz se hacía más intensa.
Su presencia sigilosa merodeaba por el lugar
y se delataba en cada lágrima que recorría un largo camino hasta acariciar una herida.
Se cocinaban Corazones que emanaban el aroma que le agrada al Padre,
se horneaban corazones para recibir un destello de dulzura dentro del amargo cansancio,
cansancio que se desvanecía con el primer rayo de sol,
que se desvanecía con la ternura de la primera taza de café.
Aquella silla, tan fuerte como un abrazo en la mañana,
tan frágil como una sonrisa espontánea,
tan dulce como un pudín de pan.
Aquella silla que nos aguantó tres días de mañanas largas y noches cortas.
Aquella silla, con sus nombres grabados,
es la muestra de amor-humildad mas hermosa que mi corazón haya sentido jamás.
Fuimos a dar tanto amor que al final recibimos más de lo que podiamos dar.
Del 53 me quedo con el amor que recibí y las lágrimas que derramé,
Del 53 quedan las ansias de volver a estar allí, pero...
Será en otro momento, 
será en otro lugar, 
serán otros peces,
será distinto el calor,
será distinto el fuego,
será siempre la misma silla.





martes, 24 de abril de 2012

Entre barrotes de Fierro.

Cada pequeño paso es un nuevo universo que descubro a regañadientes, tentado por la pereza que acompaña el querer levantar los pies, sabiendo que en principio arrastrarlos es más fácil, pero al final se desgastan las sandalias.
Así, con la decisión de caminar, inició la travesía hacia rutas desconocidas, esquivando piedras para atrapar peces con una Red y llevarlos al cauce del río. Red que por pequeña que fuera no podía ser llevada por uno solo, Red que necesitaba que fuera llevada por seis pares de manos esa mañana, manos conscientes del reto, manos temerosas del rechazo, manos deseosas de tender esa Red en aquel pequeño universo, cosa imposible de lograr en ese fragmento de estela fugaz. 
Pie tras pie cortamos la maleza para hacer el Camino abierto, tres trochas hicimos hacia rumbos diferentes con un mismo destino.
Pie tras pie cortamos la maleza, quince puertas se abrieron antes de que la estrella espectral nos sonriera con su mejor brillo. 
Pie tras pie cortamos la maleza en círculos, nueve veces pasamos enfrente de una ventana que no reflejaba  luz alguna, pero nos llamaba con insistencia.
Pie tras pie cortamos la maleza y el miedo nos azotaba para no acercarnos a esa ventana llena de telarañas, mugre, olvido y desesperanza.
Miles de obstáculos colocamos frente a la ventana para no llegar...
Miles de frases sin sentido colocamos frente a la ventana para no ver...
Miles de angustias con espinas colocamos frente a la ventana para no tocar...
Miles de  vidrios rotos colocamos frente a la ventana para no pisar...
Miles de clavos colocamos frente a la ventana para no abrir...
Sólo una voz guiada por lo Divino se escuchaba en aquel fragmento de estela fugaz, sólo una misión se habría de cumplir, sólo ÉL podría tender esa Red.
Empujados por ÉL movimos los obstáculos para llegar...
Empujados por ÉL callamos para ver...
Empujados por ÉL cortamos las espinas para tocar...
Empujados por ÉL barrimos los vidrios rotos para pisar...
Empujados por ÉL con un martillo abrimos la ventana.
Arrancamos la telaraña, limpiamos el cristal y entramos por esa ventana estrecha, larga y oscura. Rodamos hacia aquella esquina que nos esperaba. Allí encontramos a José Altagracia, atrapado en el Limbo, atrapado entre barrotes de Fierro. José Altagracia quien él y sólo él conocia su nombre, a quien temíamos sin verlo, de quien huíamos sin conocerlo, quien nos llamaba. Ahí, virtualmente de rodillas enfrente suyo, se borraron todas nuestros temores. Ahí, con los brazos abiertos, nos preñamos de dudas: 
Lo sacamos de ese Limbo...?
Rompemos los barrotes...?
Le damos de comer...?
Le limpiamos el rostro...?
Lo vestimos...?
Lo abrazamos o simplemente tendemos la Red ?
No hizo falta elegir respuestas, hacer lo correcto o actuar como pescadores. José Altagracia tendió la red sobre nosotros, nos vistió de amor, nos limpió el rostro para que pudiésemos ver al hijo del Padre que habitaba en él, nos dió de comer Paz, rompió los barrotes que nos distanciaban y nos llevó a pasear por todo el Limbo al cual pertenece.
Al salir por aquella estrecha y lejana ventana sólo pasaba por esa delgada capa de razón estas palabras: 
"Tan corto el tiempo, tan poca red, tantos peces, tantas manos y sólo atrapamos unos cuantos".
Dentro de "unos cuantos" estábamos nosotros mismos.
Todo esto me enseñó a que nunca se tiene demasiada Red, nunca se tiene poca Red, siempre se tiene la necesaria para pescar.
Según la Divina Comedia:  "Los que están en el Limbo no sufren tormento alguno, salvo el saber que estarán allí para siempre". No estoy seguro de que lado de la ventana estamos, de lo que estoy seguro es que en nuestro Limbo los barrotes de fierro lo colocamos nosotros mismos.

sábado, 21 de abril de 2012

Una noche en Primavera.

El humo del alma, que sale de entre mis dedos, se mezcla con el viento invitándome a mostrar el lado frágil de mi día, invitándome a llorar para fortalecer mis debilidades y reconocer mis proezas, y así alimentar mi ego una vez más.
El néctar de los dioses, codiciado por ángeles,  pone de rodillas a tres de mis sentidos y describe en el cielo, de uno de ellos, cuan dulce es...
y a la vez me entrega las llaves de un abismo ya conocido por mi
y en el cual no quisiera estar, por lo menos hasta el momento.
La Primavera, que retoña cada año para mostrarnos un universo de estrellas llenas de flores, en la noche más oscura se hace sentir con el hidratante suspiro que acaricia los rostros deseosos de encontrar una noche enamorada.
El aroma fresco del árbol de la vida es una clara señal de que los pájaros viven su mejor momento, que bajo la sombra solemne del Sol que traspasa las hojas, se despiden de un día mas cargado de metas deshechas, logros vanos y ansias ya comidas.
La danza de los grillos me atrapan alejándome de la realidad inmediata, arrastrándome lejos muy lejos...
y una noche ensombrerada con un techo de nubes me canta a todo pulmón: "Hoy no habrán estrellas que bailen para ti, ni Luna que hipnotice tus sueños".
Los estruendos del infinito anuncian con su sinfónica espectacular que la lluvia no ha de caer. Ansiosa la tierra en espera de esa bendición, que en otras parcelas pareciera una maldición, le suplica que se derrame. La lluvia hace su primer intento, pero se niega.
Las flores que duermen temerosas de la oscuridad, en su sueño fugaz, enternecen al corazón mas indiferente a la belleza del pincel del creador, quien a puño y letra escribió cada segundo de esta noche.
La lluvia hace su segundo intento, pero se niega nueva vez.
La flauta tocada por Céfiro anuncia el preámbulo del fin de una noche de primavera sin estrellas que bailen para mi.
Sólo me queda como bálsamo la preciosa sinfonía de la flauta que anestesió mis sentidos para terminar la noche, para soñar en que mañana habrán estrellas que bailen para mi.

jueves, 19 de abril de 2012

A PESAR DE QUE DUDES...

Busqué debajo de cada rincón de mi alma
las letras que conforman el amor fundido en un poema,
el poema más hermoso nunca escrito con tinta alguna
y por más que busco sólo encuentro tu mirada,
esa mirada perdida entre las espinas de aquella alambrada.
Recorrí cada vereda de mi destino,
recorrí cada calzada del camino,
recorrí tantos lugares para encontrar el exacto rincón
en donde mi corazón
comenzó a vibrar de ilusión
y por más que camino y camino
sólo encuentro como testigo a las olas,
olas que tambaleantes mojaban nuestros nombres,
olas que hacían reverencia al beso prendido en el ocaso de aquella tarde,
tarde que acompañada del viento tejía nuestros labios al tiempo,
tiempo sin segundos
tiempo sin espacios
tiempo... sin tiempo.
Volé entre las nubes del universo,
entre las estrellas acomodé mis versos,
le dí forma al Sol con mis dedos,
volé hasta Júpiter y me robé la luna,
luna que acomodó mi corazón como ninguna.
He clausurado mis parpados para buscar en el reflejo de mis ojos
el amor plasmado en fotos,
fotos en las que sólo estás TU,
estás TU... vestida con mis besos
estás TU... empapada con mis labios
estás TU... perfumada con mis manos
estás TU... tan cerca de mi,
tan cerca que mi corazón late con tu nombre acuestas
tan cerca que escucho tu voz entre los planetas
tan cerca que creo que no queda nada de mi cuando te alejas.


A PESAR DE QUE DUDES... ESTOS VERSOS SON SOLO TUYOS.

jueves, 12 de abril de 2012

Una voz sin tonos ni acordes pero llena de colores...


Un sábado de mi historia en horas en las que el Sol se prepara para acomodarse en su nido, conocimos a Don Ramón, una voz sin tonos ni acordes pero llena de colores.
Buscábamos otro lugar esperando que se abriera una puerta, la cual nunca se abrió, esperando que saliera un personaje, el cual nunca apareció, pero ÉL lo quiso así, quería que conociéramos a la Voz llena de colores.
Aquellos tenis rojos, guiados por la paloma que envió mi PADRE como señal de que todo estaba listo, nos llevaron hasta el borde del camino, que pintado de amarillo sólo esperaba las huellas que quedarían marcadas en tiempo y espacio sobre las nubes azules que vitoreaban su nombre en aquel paisaje.
Don Ramón quien en ese instante se entregaba a los brazos Morfeo, no esperaba visitas ni paradas, no esperaba verse con el sol esa tarde, no esperaba extender los brazos hacia el infinito, mucho menos esperaba a tres que sólo buscaban llevar a pasear al cordero, tres con el miedo acuñado de que se fuera a escapar el cordero de sus manos.
El ángel guardián de este hombre, su hermana adorada, lo invitó a abrir los ojos con tal intensidad que su corazón palpitó cual galope en una vereda silvestre, anunciándole que alguien lo esperaba en la calzada. Al salir por aquel trecho este personaje sin tonos ni acordes dibujaba en su espejo una paz que sólo los hijos del PADRE pueden dibujar. De lento andar y de mirada quebrada por los golpes de las agujas del reloj, se sentó Don Ramón en busca de la sombrilla que le otorgaba el árbol más cercano a la orilla de aquella brisa que merodeaba entre el cantar de las aves que servían de techo a ese escenario tan perfecto.
El coloquio inició con la historia más reciente de aquel hombre que en silencio dibujaba su pesar con el gris más intenso que pudiésemos hablar. Narraba con señales los sucesos ocurridos, narraba como en su organismo una masa sigilosa crecía y crecía apoderándose de su vida. Mostró las cicatrices que dejó en su vientre aquella partida. Mostró como el veneno que borraría todo rastro de aquella masa corría por sus venas quemando todo a su paso hasta borrar su VOZ. Esa voz que le servía al PADRE, esa voz que educaba cual pino que vence al viento, esa voz que tranquilizaba cual río que borra las esquinas de las rocas, esa voz que alimentaba los corazones cual miel en panal, esa voz que no pudo decir adiós al ser mas preciado, esa voz que no pudo decir adiós al ser que lo amamanto, al ser que lo protegió en las noches más oscuras, al ser que lo abrigó del frío inmenso de la soledad, esa voz que no pudo decirle adiós a su MADRE...
Por medio de tres hormiguitas, acorazadas por el poder que viene desde arriba, mi PADRE, presente allí, se hizo sentir con la fuerza del viento que sólo el sabe brindar, se hizo sentir estremeciendo los corazones que invocaban su presencia, se hizo sentir en cada lágrima de gozo que humedecía la tierra a nuestros pies, se hizo sentir apartando nuestros cuerpos de aquel lugar para ocupar su espacio, se hizo sentir para decirle a esa VOZ que clama que ÉL estaba allí, que no lo había abandonado, que lo amaba con locura, que había escuchado sus gritos, que necesitaba los colores de su VOZ para pintar su palabra...
poco es lo que recuerdo de aquel instante, aquel instante en el cual mi PADRE se hizo sentir, sólo recuerdo el cansancio más bello que haya podido vivir, cansancio que sólo se compara con el instante en que vemos la LUZ por primera vez.




Mi PADRE labra la tierra dejando surcos perfectos, le echa agua al río con la promesa de que correrá para lavar nuestros pies, sopla en el vacío creando el viento que nos envuelve cual capullo en flor y nos susurra al oído que ÉL existe, enternece al sol para que nos caliente en las mañanas y nos enseñe a no temer porque ÉL ilumina nuestros pasos, le pone el verde a los pinos que nos dicen "EL CORDERO VIVE".


La FE es lo único que da sentido a la VIDA que mi PADRE nos regala, alimentando nuestra espiritualidad pintamos de verde la ESPERANZA, pintamos de celeste el CIELO, pintamos de rojo cada latido de nuestros CORAZONES, pintamos el círculo perfecto de la LUNA, pintamos con pinceles cada rayo del SOL, pintamos cada canción del ruiseñor, pintamos cada estrella que adorna el universo... mejor aún, llenamos de colores el ABCdario blanco de nuestros días para poder pintarnos con las manos nuestro rostro con un CRISTO VIVO como señal de que en cualquier lugar en donde estemos ahí está ÉL.