Powered By Blogger

jueves, 12 de abril de 2012

Una voz sin tonos ni acordes pero llena de colores...


Un sábado de mi historia en horas en las que el Sol se prepara para acomodarse en su nido, conocimos a Don Ramón, una voz sin tonos ni acordes pero llena de colores.
Buscábamos otro lugar esperando que se abriera una puerta, la cual nunca se abrió, esperando que saliera un personaje, el cual nunca apareció, pero ÉL lo quiso así, quería que conociéramos a la Voz llena de colores.
Aquellos tenis rojos, guiados por la paloma que envió mi PADRE como señal de que todo estaba listo, nos llevaron hasta el borde del camino, que pintado de amarillo sólo esperaba las huellas que quedarían marcadas en tiempo y espacio sobre las nubes azules que vitoreaban su nombre en aquel paisaje.
Don Ramón quien en ese instante se entregaba a los brazos Morfeo, no esperaba visitas ni paradas, no esperaba verse con el sol esa tarde, no esperaba extender los brazos hacia el infinito, mucho menos esperaba a tres que sólo buscaban llevar a pasear al cordero, tres con el miedo acuñado de que se fuera a escapar el cordero de sus manos.
El ángel guardián de este hombre, su hermana adorada, lo invitó a abrir los ojos con tal intensidad que su corazón palpitó cual galope en una vereda silvestre, anunciándole que alguien lo esperaba en la calzada. Al salir por aquel trecho este personaje sin tonos ni acordes dibujaba en su espejo una paz que sólo los hijos del PADRE pueden dibujar. De lento andar y de mirada quebrada por los golpes de las agujas del reloj, se sentó Don Ramón en busca de la sombrilla que le otorgaba el árbol más cercano a la orilla de aquella brisa que merodeaba entre el cantar de las aves que servían de techo a ese escenario tan perfecto.
El coloquio inició con la historia más reciente de aquel hombre que en silencio dibujaba su pesar con el gris más intenso que pudiésemos hablar. Narraba con señales los sucesos ocurridos, narraba como en su organismo una masa sigilosa crecía y crecía apoderándose de su vida. Mostró las cicatrices que dejó en su vientre aquella partida. Mostró como el veneno que borraría todo rastro de aquella masa corría por sus venas quemando todo a su paso hasta borrar su VOZ. Esa voz que le servía al PADRE, esa voz que educaba cual pino que vence al viento, esa voz que tranquilizaba cual río que borra las esquinas de las rocas, esa voz que alimentaba los corazones cual miel en panal, esa voz que no pudo decir adiós al ser mas preciado, esa voz que no pudo decir adiós al ser que lo amamanto, al ser que lo protegió en las noches más oscuras, al ser que lo abrigó del frío inmenso de la soledad, esa voz que no pudo decirle adiós a su MADRE...
Por medio de tres hormiguitas, acorazadas por el poder que viene desde arriba, mi PADRE, presente allí, se hizo sentir con la fuerza del viento que sólo el sabe brindar, se hizo sentir estremeciendo los corazones que invocaban su presencia, se hizo sentir en cada lágrima de gozo que humedecía la tierra a nuestros pies, se hizo sentir apartando nuestros cuerpos de aquel lugar para ocupar su espacio, se hizo sentir para decirle a esa VOZ que clama que ÉL estaba allí, que no lo había abandonado, que lo amaba con locura, que había escuchado sus gritos, que necesitaba los colores de su VOZ para pintar su palabra...
poco es lo que recuerdo de aquel instante, aquel instante en el cual mi PADRE se hizo sentir, sólo recuerdo el cansancio más bello que haya podido vivir, cansancio que sólo se compara con el instante en que vemos la LUZ por primera vez.




Mi PADRE labra la tierra dejando surcos perfectos, le echa agua al río con la promesa de que correrá para lavar nuestros pies, sopla en el vacío creando el viento que nos envuelve cual capullo en flor y nos susurra al oído que ÉL existe, enternece al sol para que nos caliente en las mañanas y nos enseñe a no temer porque ÉL ilumina nuestros pasos, le pone el verde a los pinos que nos dicen "EL CORDERO VIVE".


La FE es lo único que da sentido a la VIDA que mi PADRE nos regala, alimentando nuestra espiritualidad pintamos de verde la ESPERANZA, pintamos de celeste el CIELO, pintamos de rojo cada latido de nuestros CORAZONES, pintamos el círculo perfecto de la LUNA, pintamos con pinceles cada rayo del SOL, pintamos cada canción del ruiseñor, pintamos cada estrella que adorna el universo... mejor aún, llenamos de colores el ABCdario blanco de nuestros días para poder pintarnos con las manos nuestro rostro con un CRISTO VIVO como señal de que en cualquier lugar en donde estemos ahí está ÉL.



1 comentario:

  1. Mi queridísimo, no conocía esta faceta que me ha encantado descubrir =) gracias por mostrarla!!!
    Qué interesante ha sido leerte, gracias por llevarme a ese momento especial... Bendiciones!!!

    ResponderEliminar