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lunes, 29 de febrero de 2016

“Por encima de todo, el Amor…”



Otra Hermosa mañana hermosa que nos regala el Padre, un retrato perfecto del regalo de la vida. El Sol y el calor, las nubes sin el viento, el verde de las hojas, el bullicio de la ciudad, el sabor del café, el despertar de mi familia, el roto en mi camiseta, la sangre que corre por mis venas con esa gota del color del agradecimiento que le tengo a mi Señor por la oportunidad que me da de poder respirar otro día más…Gracias!

Col 3, 12-17
Lc 6, 27-38

Meditando sobre La Palabra de hoy recordé que leí alguna vez que “La Biblia no es un libro de museo, ni un libro de colección literaria, La Biblia es La Palabra viva que refleja nuestra realidad actual…”, nada más cierto. Les comparto mi reflexión de hoy: “Por encima de todo, el Amor…”
San Pablo me explica hoy una verdad tan antigua como la creación misma, el amor está por encima de todo. Y recuerdo que San Pedro por igual dice en su primera carta “el Amor perdona una multitud de pecados”. Esa sabiduría que tienen nuestros apóstoles la quiero aplicar yo hoy en mi vida, con quienes son mis más cercanos, con mi comunidad…
El Amor me perdona, me renueva, me embellece, me ilumina, me aligera mis cargas, el Amor me regala un aliento de vida. Qué más quisiera yo que recibir ese amor de mis hermanos de comunidad y entregarles todo lo que llevo en mi corazón para ustedes. Pero antes les pido perdón por no comprender, por callar, por quejarme en silencio, por no corregir y no dejarme corregir sabiamente. Tal y como reza el evangelio “si aman solo a los que les aman ¿Qué mérito tienen?, no hay mérito alguno. Por igual si nos dejamos de amar ¿Qué mérito tienen?...
Es difícil amar a quien no conocemos del todo, pero amar es una decisión y yo decidí amar a mi comunidad. No dejemos que ese cosquilleo que sentimos cada vez que nos reunimos se apague por ningún motivo.

A cada uno de ustedes, los amo con locura!!!


Un abrazo gigante!!!

“El hijo que siempre está.”

Lucas 15, 11-31

Siempre me ha inquietado la razón por la cual Jesús nos habla en parábolas (Mt 13, 10-15), personalmente pienso en que ÉL quiere que nosotros razonemos en nuestra Fé (Fides et Ratio, Juan Pablo II, 1998).
Si profundizamos en cada parábola de Jesús, encontraremos  múltiples mensajes que enriquecen nuestras vidas. Por eso cada día La Palabra nos revela mensajes diferentes.
Esta parábola del hijo pródigo revela la debilidad de Jesús por nosotros los pecadores, más aun por los que se adentran a las profundidades de la vida mundana. La vertiente más conocida por todos sobre esta parábola es la que desnuda la grandeza de Dios y su gran misericordia ante todos nuestros hermanos que están alejados de ÉL. Tiene los brazos abiertos para recibirlos a su regreso y todo el amor para darles.
Esto traería varias preguntas que se pueden resumir en una: Tengo que pecar más, ser un pecador irreverente,  para que mi Señor Jesús me ame más? Aquí mi parte favorita Lc 15, 29-31, el reproche de “El hijo que siempre está” y la respuesta de su padre: “Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo”. Nosotros los hijos que estamos cerca de ÉL no tenemos por qué sentirnos relegados o marginados cuando se celebra la llegada de un hermano a nuestra comunidad, o cuando se le presta mayor atención a aquel hermano que más lo necesita, porque ya ÉL nos lo entrega todo. Debemos de celebrar y sentir gozo cuando ese momento llega, pero además debemos de ser propulsores de que esos hermanos alejados se reencuentren con el Padre y vestirnos todos de fiesta para proclamar la grandeza del Señor. El cambio solo se logra si nosotros lo provocamos.